¿Y esto quién lo paga?

En el contexto ético y la nueva visión de la empresa que nosotros defendemos hay algunos mantras que, instintivamente, tenemos tendencia a poner bajo sospecha… Nos repitieron hasta el hartazgo, tratando por ese medio de convertirlo en verdad (filosofía Disney: desea algo con mucha fuerza y se hará realidad) que “habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades” diciéndonos de manera indirecta, que “nuestras posibilidades” eran distintas a las “suyas” en un intento por responsabilizarnos del resultado de sus fechorías financieras.
Aprovechando la trastada y la crisis económica, desde un momento muy inicial evidenciaron que en realidad lo que les molestaba era que nuestros hijos e hijas fueran a la Universidad (como los suyos) y aprovecharon para tomar medidas indisimuladas bajo la forma de tasas universitarias, a la vez que empobrecían a las familias enviando a los padres y madres de cabeza al desempleo, precarizando la contratación y disminuyendo sus recursos.
En una jugada complementaria al más puro estilo “de los ilustrados nos libre Dios”, nos sancionaron con el IVA para el caso en que tuviéramos la feliz idea de ir al teatro, al cine, a un concierto o de comprarse un libro. Les molesta la libertad de pensamiento y encierran lo mismo a titiriteros que a raperos; secuestran libros o censuran exposiciones en un alarde impúdico de “¿pero tú qué te has creído?”.
Nos quieren con miedo, sumisos… Fomentan la dependencia económica en la mujer y promocionan que ésta asuma “voluntariamente” (no es sociología, es política) que les corresponde responsabilizarse de los cuidados y de las tareas domésticas, realizando por lo tanto trabajos en toda regla que, al no llevar aparejada remuneración, no “liberan” sino que “esclavizan”. Y como este tipo de pensamientos lanzados al vacío de una sociedad desorientada, trasciende el modelo social para entrar de lleno en la política, rescatan sin despeinarse bancos a fondo perdido con más de 60.000 millones de euros, mientras desahucian a las personas. Apoyan a las farmacéuticas obligándonos al “copago sanitario”, y privatizan la sanidad pública aplicándole a la salud los mismos criterios empresariales (rentable / no rentable) que a las empresas privadas. Inevitable no acordarse en este punto del “ahora vienen por mí, pero es demasiado tarde” de Bertold Bretch.
Y es que lo que llaman crisis (aunque la crisis ya pasó y estamos enfangados hasta las rodillas en “lo que venía después”) ha sido la excusa perfecta… Hace más de treinta años que nos tienen en el punto de mira y ya han decidido tirarse en plancha; nos lo han dicho alto y claro: “El Sistema Público de Pensiones no es sostenible”. Y para demostrárnoslo, nada más efectivo que empezar vaciando “la hucha”. De esta manera tenemos veinte años de recursos, (60.000 millones de euros) en números rojos y lo gastan los mismos que nos recomiendan austeridad, que, en una pirueta aún más arriesgada (digna de un adicto a la adrenalina) “taponan” las fuentes de recursos del Sistema Público de Pensiones impidiendo que se cotice, fomentando las tarifas planas de 50 euros, precarizando los contratos de trabajo, impidiendo de esta manera que trabajadores y empresas doten de recursos a la Seguridad Social. Y ahora, cuando han destrozado el Sistema, nos dicen que esto se acaba, que no es sostenible… La “sostenibilidad”; otro mantra. El resultado de decisiones políticas que como toda decisión lleva implícito su “coste de oportunidad” (elegir es renunciar) y lo repiten hasta que se convierta en verdad.
“La seguridad social no tendrá tiempo de acumular las reservas financieras para afrontar la avalancha de jubilaciones”: porque es lo que han querido, porque sus decisiones políticas encerraban el objetivo de vaciarla de recursos. “Las medidas tomadas hasta ahora se quedan cortas”: porque resistimos todavía quieren reducirlas más; que perdamos aún más poder adquisitivo al margen de las necesidades esenciales que hay que satisfacer para que la vida se viva con dignidad. Les da igual la pobreza energética o que haya quienes no pueden pagarse un tratamiento para recuperar la salud.
“En España solo habrá 1,6 personas en edad de trabajar por cada persona mayor de 65 años, inferior a los 2 de media europea”. Como si no vieran que la automatización de los procesos industriales, que genera riqueza para unos pocos, está destruyendo empleos. Y nos lo cuentan como si el problema fuese del número de trabajadores y de pensionistas y no de la riqueza que origina la fuerza de trabajo de esos trabajadores. 1,6 trabajadores pueden estar produciendo por diez. Y no les gusta vernos mayores y saludables, no, porque a lo mejor con el tiempo resulta que es que “se vive demasiado”, con lo que no es sólo nos prefieran sumisos durante nuestra etapa productiva, sino que cuando ese ciclo se acaba, nos quieren empobrecidos o directamente muertos.
Si ninguna partida presupuestaria tiene una única fuente de ingresos, ¿por qué tenemos que entender que las pensiones sí? ¿Qué razón hay para que las pensiones las paguen exclusivamente trabajadores y empresas a través de sus las cotizaciones? ¿Acaso la Monarquía la pagan solamente los monárquicos, la Iglesia Católica los católicos, el Ejército los militares o la Judicatura los jueces? En base a esto, tampoco habría razones que justificaran que las pensiones dependieran solamente de las cotizaciones. El importe de las pensiones no puede hacerse depender de cuántas personas las cobren, ni de cuánto cobren, ni de durante cuánto tiempo se cobren; las pensiones tienen que depender, como todo, de la riqueza total que se genera en el país y de cómo se reparta esa riqueza. No es un problema económico, es un problema político.
Los planes de pensiones privados son un fiasco para los ahorradores y un gran negocio para las entidades financieras y son éstas las que han dispuesto toda su artillería para que el Gobierno y sus lacayos minen la resistencia de los pensionistas presentes y futuros.
Y ya nos toca pasar a la ofensiva; defender el Sistema Público de Pensiones es luchar contra la pobreza. Atacar el Sistema Público de Pensiones solo traerá un mayor empobrecimiento de un colectivo que está asumiendo en gran parte, durante esta estafa económica llamada eufemísticamente “crisis”, la sostenibilidad de las familias. Con la privatización del Sistema Público de Pensiones lo que se pretende es reforzar el poder financiero anteponiendo los privilegios de una minoría frente a los derechos de la mayoría.
Y es obvio que este Sistema necesita una reforma porque la base sobre la que se fundamenta (y que no es otra que las Relaciones Laborales) ha cambiado y sólo a través de decisiones políticas que las garanticen vía Presupuestos Generales del Estado, cotizando la robótica, y abordando una reforma fiscal, se podrán mantener las conquistas del Estado Social. Y si el Gobierno no toma estas decisiones nos tocará tomarlas a nosotros; porque ya ha llegado la hora de plantarse y si los argumentos y razones no son suficientes, de exigir que pague, el que tenga el dinero.

¿Y esto quién lo paga? por Santiago Molina